Primaria | Día 7. Situaciones de aprendizaje



Propósito Conocer las características de las situaciones de aprendizaje en primaria


Bibliografía

→ La enseñanza, BROPHY, Jere (2000)



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Un ambiente propicio para el aprendizaje en el aula

El alumno aprende mejor en una comunidad de aprendizaje atenta y bien integrada

Los ambientes de enseñanza eficaz siguen una ética de cuidado y atención que involucra la relación maestro/alumno y alumno/alumno, y trascienden las diferencias de género, raza, grupo étnico, cultura, status socioeconómico, discapacidad o cualquier otra diferencia individual que hubiere. En dichos contextos se espera que los alumnos utilicen distintos materiales educativos con responsabilidad, participen atentamente en las actividades de clase, y contribuyan al bienestar personal, social y académico de todos los miembros del grupo.

En el salón de clases

Con la finalidad de generar un clima que permita construir una verdadera comunidad de aprendizaje en la clase, los maestros deben desplegar los atributos personales que los conviertan en verdaderos modelos y ejes de socialización: mostrar un ánimo alegre, una actitud amistosa, madurez emocional, sinceridad e interés por los alumnos como personas y como estudiantes. El maestro debe mostrar preocupación y afecto por los alumnos, estar atento a sus necesidades y a sus estados de ánimo, y trabajar con ellos para que, a su vez, muestren estas mismas características en su relación con sus compañeros.

Al crear dinámicas en el aula y al desarrollar los contenidos de las lecciones, el maestro entra en contacto con los conocimientos y experiencias previas del alumno, incluyendo su cultura familiar. Así, al extender la comunidad de aprendizaje de la escuela al hogar, el profesor establece y sostiene relaciones cooperativas con los padres de familia y estimula su participación activa en el aprendizaje de sus hijos.

El maestro promueve una actitud de aprendizaje al proponer actividades y destacar lo que el alumno aprenderá de ellas, al tratar los errores como parte natural del proceso de aprendizaje, y al alentar a los estudiantes a trabajar colaborativamente, ayudándonos entre sí. También les enseña a hacer preguntas sin inhibiciones, a hacer contribuciones sin temor de ser ridiculizados, así como a colaborar en parejas o en pequeños grupos en muchas de las actividades de aprendizaje.

Oportunidades para aprender

Los alumnos aprenden mejor si la mayor parte del tiempo dedican a actividades asociadas al currículo, y si el sistema de organización de las clases los lleva a comprometerse en ellas

Uno de los factores determinantes para el aprendizaje, en cualquier área del conocimiento, es el grado en el que los alumnos estén expuestos al tema dentro de la escuela. La duración del día y del año escolares acotan las oportunidades de aprendizaje. Dentro de esos límites, las oportunidades de aprendizaje reales del alumno dependen de la cantidad de tiempo disponible que se dedique a las lecciones y a las actividades. Los profesores efectivos dedican la mayor parte del tiempo a actividades diseñadas para alcanzar los objetivos educativos.

Las investigaciones indican que los maestros que entienden la organización de la clase como un proceso para crear un ambiente favorable para el aprendizaje, tienen más éxito que aquellos que hacen énfasis en mantener la disciplina del grupo: en imponer disciplina. El profesor efectivo no necesita dedicar demasiado tiempo para atender problemas de conducta, porque usa técnicas de organización que promuevan actitudes de cooperación en los alumnos y mantiene su atención en las actividades. Al trabajar en un clima estimulante, implícito en el principio de comunidad de aprendizaje, el profesor articula expectativas claras en relación con el comportamiento general en el aula con la participación en las lecciones y actividades de aprendizaje en particular. Asimismo, enseña procedimientos que favorecen la participación comprometida de los alumnos durante las actividades y facilitan el paso de una actividad a otra, las cuales se dan de manera continua, sin la necesidad de hacer permanentes indicaciones.

En el salón de clases

Existen muchas cosas que vale la pena enseñar, pero el tiempo para ello es insuficiente, por lo tanto, el tiempo en clase debe aprovecharse lo mejor posible. El maestro efectivo dedica la mayor parte a las lecciones y actividades de aprendizaje, y no a pasatiempos no académicos porque agregan poco o nada a los propósitos curriculares. Sus alumnos ocupan muchas más horas al año en actividades curriculares, en comparación con los alumnos de maestros menos centrados en los objetivos educativos.

Los maestros efectivos transmiten la idea de que la escuela vale la pena, así como la importancia de aprovechar al máximo el tiempo disponible. Inician y terminan las lecciones a tiempo, hacen transcripciones breves y enseñan a sus alumnos a emprender actividades expeditamente y mantenerse concentrados en sus tareas. Una buena planeación y preparación les permite avanzar con fluidez en sus lecciones, sin detenerse a consultar manuales o a localizar determinado aspecto requerido en una exposición o demostración. Proponen actividades y tareas que por su variedad y grado de desafío, estimulan a los alumnos, evitando el fastidio y la distracción.

Un maestro exitoso expone con claridad y consistencia lo que espera de los alumnos. Al comienzo del año da instrucciones sobre procedimientos que se pondrán en práctica, y subsecuentemente hace indicaciones o recuerda a sus alumnos cuando son necesarios. Lleva seguimiento continuo de la clase, lo cual le permite responder a problemas que surgen en el momento, para evitar que se vuelvan críticos. Si es posible, interviene de tal manera que no se altere el desarrollo de la sesión y sin distraer a los alumnos que estén trabajando en forma adecuada. Enseña a sus alumnos estrategias y procedimientos para llevar a cabo actividades rutinarias, tales como participar en lecciones que involucran a todo el grupo, intervenir en discusiones constructivas con los compañeros, hacer transiciones fluidas entre una y otra actividad, cooperar en parejas o en pequeños grupos, manejar y guardar el equipo y los enseres personales, controlar su proceso de aprendizaje y completar sus tareas a tiempo, y saber cuándo y cómo solicitar ayuda. La prioridad del maestro no está en imponer el control de la situación, sino en crear en sus alumnos la capacidad de controlar su propio proceso de aprendizaje, de tal manera que se vayan modificando sus metas, sus expectativas, y que las indicaciones, recordatorios y demás recursos de control desaparezcan conforme el año escolar avanza.

Estos maestros no sólo sacan el mayor provecho del tiempo dedicado a cada tarea, sino que además dedican gran parte de éste a enseñar activamente, organizando los contenidos y ayudando a los alumnos para que los interpreten y respondan a ellos. En su clase se dedica más tiempo al diálogo interactivo que al solitario trabajo de pupitre. La mayor parte de su enseñanza se desarrolla mientras se produce el diálogo interactivo con los alumnos, más que en prolongadas exposiciones.

Construcción de un soporte para lograr el trabajo comprometido de los alumnos

El maestro proporciona toda la atención que el alumno requiera para favorecer la participación de los estudiantes en actividades productivas de aprendizaje. Las investigaciones respecto a las habilidades de aprendizaje sugieren que las actividades o ejercicios deben ser variados e interesantes para motivar al alumno, suficientemente nuevas y que representen un reto como para que se constituyan en experiencias de aprendizaje significativo más que la mera repetición. Al mismo tiempo, deben de ser razonablemente accesibles para que el alumno pueda resolverlos en forma exitosa, dedicándoles el tiempo y esfuerzo necesarios. La eficacia de los ejercicios se ve fortalecida cuando, de inicio, el maestro explica las actividades que se desarrollarán y resuelve algunos ejemplos antes de solicitar que los alumnos trabajen de forma independiente. Después de verificar el avance de la clase, proporcionando ayuda a los alumnos que la requieran. El principio de enseñar en función de la zona de desarrollo próximo implica que los alumnos requerirán explicaciones, demostraciones ejemplares, asesoría y potras formas de apoyo por parte de su maestro, pero también implica que esta estructuración y elaboración de andamiaje por el profesor disminuirá en la medida en que la destreza del alumno aumente. A la larga, los alumnos deberán ser capaces de aplicar autónomamente lo que han aprendido, y controlar su participación en las tareas.

En el salón de clases

Además de bien seleccionadas, las actividades deben estar bien presentadas, adecuadamente monitoreadas y tener seguimiento si se quiere que produzcan el máximo resultado. Ello implica preparar con anticipación al alumno para cualquier actividad, durante la cual se le da orientación y retroalimentación, y guiando al grupo en una reflexión final, una vez concluida la actividad. Al proponer una actividad, el maestro debe hacer hincapié en los objetivos para que el alumno logre involucrarse en ella con claridad respecto de los logros a alcanzar. Después de esto, puede estimularlo con el fin de que considere algunos de sus conocimientos previos, puede mostrar estrategias para abordar la tarea o construir un andamiaje que provea información acerca de los requerimientos de la tarea. Si se trata de lectura, por ejemplo, el maestro puede resumir las ideas principales, recordarles algunas estrategias para incrementar y verificar su comprensión de lectura (parafrasear, resumir, tomar notas, hacerse así mismo preguntas de comprensión), distribuir guías de estudio que resalten las ideas centrales y los elementos estructurales, o proporcionar organizadores de tareas que ayuden a los estudiantes a mantener la ruta a seguir y las estrategias que se pueden utilizar.

Una vez que los alumnos comiencen a trabajar, el maestro debe verificar los avances y brindar apoyo, si es necesario. Suponiendo que los chicos tengan idea de lo que deben hacer y cómo llevarlo a cabo, las intervenciones han de ser breves y reducirse al mínimo, como apoyo indirecto. Si la ayuda del profesor fuere demasiado directa o amplia, terminaría por realizar el trabajo del alumno, en lugar de enseñarle a que lo realice él mismo.

El maestro también debe evaluar el desempeño del alumno en cuanto a la comprensión y pulcritud del ejercicio. Cuando el desempeño sea pobre, debe proveer nuevas actividades de enseñanza y aplicar tareas de seguimiento diseñadas para asegurarse de que el contenido ha sido comprendido y que las habilidades fueron adquiridas.

La mayoría de los ejercicios tiene un efecto limitado, a menos que éstos sean seguidos de actividades de reflexión y verificación, en las cuales el maestro repasa la tarea con los alumnos, brinda retroalimentación general sobre el desempeño, y consolida ideas importantes relacionadas con los objetivos generales. Las actividades de reflexión deben brindar al alumno la oportunidad de hacer preguntas, compartir experiencias, comparar opiniones o, incluso, profundizar el conocimiento recién adquirido y relacionarlo con su vida fuera de la escuela.




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